Sinestrum 26 – Mi participación en el libro solidario

Gracias a Juan Pajuelo tengo el privilegio de anunciar -y de recomendar- el libro Sinestrum 26, creado por la comunidad Lobo Fantasma y que compilar relatos de terror con algunas ilustraciones.

33838566_1506223662840330_2435701323933417472_nSINOPSIS: En su empeño por aportar su granito de arena para mejorar las condiciones del mundo y la sociedad, el autor almeriense Juan A. Pajuelo, actuando como antólogo, ha reunido a escritores e ilustradores de distintas partes del mundo, para crear una antología con la que pretende apoyar a las asociaciones de autismo. Veinticinco visiones en total de un estado de ánimo cuyas distintas facetas a día de hoy aún son desconocidas: el miedo. Todas coronadas por un prólogo por parte de la talentosa y genial Nieves Guijarro, editora en Ediciones Vernacci. Una antología solo para los más aguerridos y valientes, una antología para concienciar al mundo de una faceta desconocida del miedo: aquella que pueden sentir los pacientes de autismo. Parte de los beneficios del mismo irán dedicados a asociaciones relacionadas con el autismo.

Por mi parte, he contribuido con un relato ficcionado en estilo epistolar, fragmentado, para intentar descifrar y dar respuesta a un enigma de Madrid, como es el acontecido en la casa de las Siete Chimeneas. Para más información de todo lo referente a ello te recomiendo mi libro Enigmas y Misterios de Madrid (Almuzara), pero volviendo a Sinestrum 26, quiero dejarte un fragmento para que puedas ir abriendo boca. El libro se puede comprar por Amazon por el módico precio de 9,95€.

Permítaseme incluir en este relato parte del sentir popular, comentarios de tabernas y mentideros que acaso puedan ser de utilidad en esta historia que siento debo escribir, pero que difícilmente verá la luz. En aquellos días de algarabía, se decía que el rey tenía sentimientos de amor hacia doña Elena, asegurando algunos que antes de contraer matrimonio con Ana de Austria fueron amantes, desde tan antiguo que el rey era todavía príncipe. Siendo un romance harto imposible a ojos de todos, los rumores dicen que el severo monarca prefirió alejar a la joven de la corte, casándola con un hombre de su confianza. No ha de ser casualidad que el capitán Zapata y S. M. Felipe II contrajeran nupcias el mismo año. Alejado el peligro, se les concedió a los enamorados esta casa de campo con el firme recordatorio del número siete, tal vez para protegerlos de los pecados y tribulaciones a los que se ha de enfrentar cualquier matrimonio. Este humilde mensajero puede dar fe del especial comportamiento del rey con la muchacha, añadiendo además que no era muy común agasajar con esta dote a personas con la que no se compartían lazos de sangre ni intereses comerciales o religiosos.

Mas los designios del reino nos trajeron mucho duelo y enfrentamientos en una

Álvaro Martín, casa de las Siete Chimeneas, madrid misterioso, madrid tenebroso, enigmas y misterios de Madrid
Álvaro Martín en la casa de las Siete Chimeneas

guerra en Flandes –que ahora se encuentra en dudosa tregua–, en la cual se hicieron necesarios más hombres para luchar en las filas españolas, requiriéndose de la presencia del capitán Zapata para liderar un regimiento. Según cuentan sus hombres, don Fernando luchó con bravura hasta la extenuación defendiendo nuestros intereses por mandato del S. M. el rey don Felipe II, pero esto no fue suficiente. Murió en combate solamente un año después de su enlace. Durante aquellos días yo era el encargado de llevar los pocos mensajes del capitán a su amada esposa en la casa de los Altos del Barquillo, pudiendo observar cómo su faz iba cambiando conforme avanzaban los días. Nunca pude leer alguna de sus cartas, cerradas con lacre, pero ella me hablaba en ocasiones, presa de gran preocupación, culpando al rey de la situación en la guerra, y diciendo que no había muy buenos presagios en el frente donde combatía su esposo. Fui yo, asimismo, el encargado de dar la terrible noticia a Elena, que echó a correr entre gritos y llantos hacia la alcoba. Pareciera un alma en pena de las que, atormentadas, recorren los viejos cementerios.

Cierto es que esta misteriosa mujer causaba embrujo en todo aquel que tenía el gusto de haberla conocido, y conmigo no ocurrió de distinta manera. Tenía una mirada clara como la luna llena, y del mismo color era su tez, que contrastaba con sus ondulados cabellos azabaches. Sentía una profunda tristeza al verla tan afligida, por lo que acudía a verla todos los días y la obsequiaba con algún dulce o ramilletes de flores. La muchacha enfermó entre fiebres y delirios, pasando el mayor casi todo el tiempo en la cama culpando al rey de su penosa situación. “¡Vale más moza callada, no vaya a temblar cielo y tierra si de mi boca saliera la verdad!” solía decir muy encendida. Dice la servidumbre de la casona que la observaban recorrer los pasillos lamentándose, como si estuviera hechizada.

Después de dar testimonio al secretario del rey, don Antonio Pérez, me fue prohibida la visita, de lo cual me hube de enterar porque un guardia real se puso en las puertas, sin darme mayor explicación, tan solo una semana después de anunciar la muerte del capitán. Mas yo solía ir de noche, a toque de ánimas, para preguntar por el estado de la dama al guardés de la casa, de nombre Alfonso, con el que entablé cierta amistad, y que me relató que la enfermedad no había cesado. Una vez él me preguntó por un señor con vestiduras negras que visitaba la casa ocasionalmente y nunca decía nada. Solamente enseñaba un papel firmado con “Yo, el Rey”, suficiente para abrirle cualquier puerta. Se quedaba poco tiempo y salía como una vil sombra por la puerta trasera…(Continúa en Sinestrum 26)

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